jueves, 8 de septiembre de 2011

¡Yo te nombro… Salvador!


Por: Luz Marina López Espinosa

“Yo pisaré las calles nuevamente

De lo que fue Santiago ensangrentada,

Y en una hermosa plaza liberada

Me detendré a llorar por los ausentes”.

P.M.

Salvador, tu nombre es esperanza. Porque si ese nefando once de septiembre la odiosa garra que traspasa las fronteras le notificaba al mundo -¡otra vez!- que su zarpa se descargaría contra el pueblo que osara izar las banderas de su destino, si ese once de septiembre se imponían la cobardía y la traición –palabras del profeta- también ese día, en el momento supremo, “con el metal tranquilo de mi voz”, dejaste el más valioso testamento que le podías legar a tu pueblo.


Porque fue hermosa la serenidad con la cual a la manera de un patriarca antiguo, te dirigiste a la mujer chilena, a los jóvenes, a los trabajadores de la patria. Palabras que salvo por el justiciero señalamiento de los traidores que ayer no más te juraban lealtad, sólo abren senderos de esperanza en “este momento gris y amargo”. Porque así como resuenan ecos de Bolívar en esta proclama testamento, así como Martí aflora en cada frase, también está de cuerpo entero el revolucionario, el marxista, ¡ah! y el patriota, cuando desde la cumbre en la cual divisa ya su eternidad, estoico y despojado de sí mismo habla a su pueblo: tengan fe compañeros, mi sacrificio no será en vano, el destino es vuestro porque los procesos sociales no los detiene el crimen; el ansia del pueblo por su redención y libertad no la conculca nadie para siempre. Así sean duros los días que se avecinan…

     Y tuviste además Salvador la grandeza de reconocer tu contingencia porque sabías y aceptabas, el único necesario es el pueblo. Y avizorabas al tiempo de alamedas y hombres libres, el baldón que caería sobre los traidores. ¿Cómo pudiste vislumbrar que ellos no morirían en trance de grandeza ni orlados por la aureola del martirio sino llenas las alforjas, pobres hombres,  explicando en lo posible  pillajes y latrocinios?   

No han sido prontas las alamedas Salvador. Pero están las calles y las plazas llenas aunque sí, algo de sangre todavía en ellas. Y cómo no te ha desairado esa juventud a la que te dirigiste, cómo ese pueblo parece haber tomado nota de tu promesa “siempre estaré junto a ustedes” y está allí, reclamando tú revocada obra, desdiciendo del mundo mezquino e insolidario que les impuso la tiranía. Gritando además hoy, que éste es tu Septiembre que no lo opaca ninguno. Así muchos se empeñen. Obliga parafrasear a Sabina:

¿Quién te ha robado el mes de Septiembre? ¿Cómo pudo sucederte a ti?

Y he sabido que hoy también vive Víctor, en las paredes y en las piedras  camineras pero también en la garganta y  el espíritu de los jóvenes que sin haber nacido cuando su martirio, lo adoptaron y encabeza sus marchas. “Juntos iremos unidos en la sangre. Este es el tiempo que puede ser mañana.” Es la historia Salvador, tenías razón.

Siempre he asociado tu nombre al emblemático “Yo te nombro libertad” de Paul Ellaurd. Por ello quiero que en Santiago y en Valparaíso y en donde quiera sea mi ciudad,

Escribo tu nombre
En las paredes de mi ciudad
Tu nombre verdadero
Tu nombre y otros nombres
Que no nombro por temor
Yo te nombro Libertad.

Y tu admirado Pablus Gallinazus ya te cantaba desde Colombia hace más de treinta años y en tu honor reclamaba   “Qué ha pasado con Chile que no se ha levantado”  y

Sigue llegando el vino y más rojo que nunca
Y América no sabe lo que bebe
Bebe vino de Jara y vino de Neruda
Bebe vino de pueblo y no de uva.
Las viñas de la ira revientan de maleza
¡Brindemos una copa de vino de vergüenza!

Tu Chile se bate duramente. Y no es fácil liberarse del férreo troquel que modeló la sociedad atendiendo los intereses no de tu cobre, tu vino ni tus peces, sino del odio. El de clases. El de los menos contra los más; el de los que tienen contra los desposeídos. Tal la verdad. Porque sabías, tanto crimen no era en balde ni por capricho. Eran intereses, tan ajenos afortunadamente al alma nacional, que ¡ah la dialéctica! ahí está Chile diciendo ¡No! Aunque haya tanquetas en la plaza.

¡El crimen no fue en Manhattan fue en Santiago! ¡Y fue el once de  Septiembre!  

Salvador, tu nombre es esperanza. 

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